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jueves, 19 de enero de 2012

Diccionario popular

Una de las primeras entradas de este blog tuvo que ven con la tan traída y llevada idea de que, en las generaciones más jóvenes, el hábito lector brilla por su ausencia (véase la entrada Lecturas adolescentes). Sin embargo, y aunque en general sea cierto que se lee poco, de vez en cuando surgen iniciativas sobre las que merece la pena llamar la atención.

Hace algunos días leía en el Diario Hoy el artículo Un diccionario popular en el que se relataba la curiosa idea de un chico de 15 años, Ángel Manuel García Carmona, quien hace apenas cuatro meses creó un diccionario virtual de léxico popular bautizado con el nombre de quiLéxico. Se trata de una aplicación con la que recopila expresiones coloquiales, o de lengua vulgar, de diferentes localidades extremeñas. La primera de éstas fue Quintana de la Serena (es también la que da nombre al diccionario), seguida posteriormente por Retamal, Campanario, Valle de la Serena, Castuera...

El quiLéxico cuenta con una aplicación en línea a través de la cual se pueden realizar aportaciones al diccionario. Y, cómo no, saca provecho de la web 2.0 con un perfil en Facebook desde el que el joven autor anima a sus fans a aportar nuevos términos al diccionario, compartiendo también las entrevistas que le van haciendo o  las distintas referencias a su trabajo en los medios de comunicación. Una manera interesante (y diferente) de utilizar las Redes Sociales para la recopilación de información y construcción de nuevas herramientas.

martes, 27 de diciembre de 2011

El valor de la palabra

Quizás se convierta en tradición el que las ministras españolas, en algún momento, aparezcan en las noticias no por lo que hacen sino por lo que dicen, haciendo un mal uso del lenguaje. Primero fue Bibiana Aido, Ministra de Igualdad, cuando en 2008 habló de miembros y "miembras"; hoy ha sido Ana Mato, recién estrenada Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, al condenar el asesinato de una mujer a manos de su marido como "violencia en el entorno familiar".

El lenguaje es una construcción social, arbitraria, y como tal va sufriendo avances y modificaciones. Cada año la Real Academia Española introduce nuevos términos en el Diccionario, revisa la Gramática y la Ortografía, amplía el Diccionario panhispánico de dudas. Pero también se dejan de usar ciertos términos por su carga peyorativa y discriminante para usar otros inclusivos y respetuosos con las diferencias y condiciones individuales (p.e., hoy hablamos de personas con discapacidad intelectual y no de deficientes). 

Las palabras nombran las cosas, y no da lo mismo llamarlas de una manera o de otra. La hoy alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ya en 2005 mostraba su rechazo a los matrimonios homosexuales estableciendo un símil con la suma de peras y manzanas: afirmaba que la unión de hombre y mujer es matrimonio, pero la unión de dos hombres o dos mujeres nunca podría ser matrimonio sino algo diferente. Sin embargo la Ley 13/2005 decía lo contrario, equiparando los matrimonios entre personas del mismo sexo a la unión tradicional entre personas de sexo diferente. 

La violencia por cuestión de género no es identificable a violencia en el entorno familiar, por más que en ocasiones aquélla ocurra en éste. Porque la violencia de género implica desigualdad, desprecio, consideración de inferioridad a la mujer por el mero hecho de serlo, mientras que la violencia en el entorno familiar no tiene por qué implicar el componente de género.

Las palabras nombran, y cuando se usan en la denominación de una Ley se han elegido de manera cuidadosa, por ser más adecuadas y pertinentes que otras: si elegimos las correctas, lograremos hacernos entender; si erramos en esa elección, confundiermos a quien nos escucha. Por eso importa cómo llamemos a las cosas.