Como ya he comentado en alguna entrada anterior soy ávida lectora y me gusta arañar minutos al día para disfrutar de una tarde con un libro entre las manos. Lo que creo que no dije es si el formato del libro es el tradicional o, por el contrario, se trata de un libro digital (ereader o ebook, en su denominación inglesa). Aunque por el título de esta entrada supongo que ya se intuye.
Efectivamente, también para leer me he pasado al formato electrónico, aunque no al cien por cien ni sin haber tenido que vencer ciertas (muchas) reticencias. De hecho, desde que me lo regalaron hasta que empecé a darle uso constante tuvieron que pasar casi 6 meses, pues me resistía a dejar de tocar los libros, a no percibir el olor de la tinta, a olvidarme de pasar las páginas... Y, una vez más, Madrid tuvo la culpa: por temas laborales tuve que pasar allí varios meses, así que decidí sustituir en la maleta un montón de kilos de papel por mi libro electrónico. Pero, como aún seguía teniendo reticencias y mujer precavida vale por dos, también puse en la maleta mis carnets de la red de bibliotecas públicas (Ayuntamiento y Comunidad Autónoma, respectivamente).
Utilicé los carnets para acudir a las bibliotecas, pero no como lectora sino como usuaria de las salas de trabajo (aunque esa ya es historia para otra entrada), porque mi Papyre 6.1 me ganó la batalla. El pequeño dispositivo de Grammata consiguió que superara mis reticencias y se convirtió en compañero inseparable, no sólo en Madrid sino también en mi retorno a casa. Sus 220 gr. de peso, sus dimensiones similares a las de un libro de bolsillo y, lo que es más importante, su gran autonomía (entre 9.000 y 10.000 pasos de página, lo que suponen muchas horas de lectura) me permiten llevar encima cientos de libros (admite tarjeas HD/SDHC de hasta 16 Gb) para saltar de uno a otro según el día o la ocasión.
Y todo esto para aludir a la noticia que se publica hoy en CiberP@ís sobre las cifras de ventas de Kindle que, a pesar de que los analistas financieros digan que son escasas, resultan enormemente alentadoras: un millón de dispositivos a la semana, durante el mes de diciembre, en todo el mundo.


