viernes, 30 de diciembre de 2011

Rectificar es de sabios

Como ya he comentado en alguna entrada anterior soy ávida lectora y me gusta arañar minutos al día para disfrutar de una tarde con un libro entre las manos. Lo que creo que no dije es si el formato del libro es el tradicional o, por el contrario, se trata de un libro digital (ereader o ebook, en su denominación inglesa). Aunque por el título de esta entrada supongo que ya se intuye. 

Efectivamente, también para leer me he pasado al formato electrónico, aunque no al cien por cien ni sin haber tenido que vencer ciertas (muchas) reticencias. De hecho, desde que me lo regalaron hasta que empecé a darle uso constante tuvieron que pasar casi 6 meses, pues me resistía a dejar de tocar los libros, a no percibir el olor de la tinta, a olvidarme de pasar las páginas... Y, una vez más, Madrid tuvo la culpa: por temas laborales tuve que pasar allí varios meses, así que decidí sustituir en la maleta un montón de kilos de papel por mi libro electrónico. Pero, como aún seguía teniendo reticencias y mujer precavida vale por dos, también puse en la maleta mis carnets de la red de bibliotecas públicas (Ayuntamiento y Comunidad Autónoma, respectivamente).

Utilicé los carnets para acudir a las bibliotecas, pero no como lectora sino como usuaria de las salas de trabajo (aunque esa ya es historia para otra entrada), porque mi Papyre 6.1 me ganó la batalla. El pequeño dispositivo de Grammata consiguió que superara mis reticencias y se convirtió en compañero inseparable, no sólo en Madrid sino también en mi retorno a casa. Sus 220 gr. de peso, sus dimensiones similares a las de un libro de bolsillo y, lo que es más importante, su gran autonomía (entre 9.000 y 10.000 pasos de página, lo que suponen muchas horas de lectura) me permiten llevar encima cientos de libros (admite tarjeas HD/SDHC de hasta 16 Gb) para saltar de uno a otro según el día o la ocasión.

Y todo esto para aludir a la noticia que se publica hoy en CiberP@ís sobre las cifras de ventas de Kindle que, a pesar de que los analistas financieros digan que son escasas, resultan enormemente alentadoras: un millón de dispositivos a la semana, durante el mes de diciembre, en todo el mundo.


martes, 27 de diciembre de 2011

El valor de la palabra

Quizás se convierta en tradición el que las ministras españolas, en algún momento, aparezcan en las noticias no por lo que hacen sino por lo que dicen, haciendo un mal uso del lenguaje. Primero fue Bibiana Aido, Ministra de Igualdad, cuando en 2008 habló de miembros y "miembras"; hoy ha sido Ana Mato, recién estrenada Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, al condenar el asesinato de una mujer a manos de su marido como "violencia en el entorno familiar".

El lenguaje es una construcción social, arbitraria, y como tal va sufriendo avances y modificaciones. Cada año la Real Academia Española introduce nuevos términos en el Diccionario, revisa la Gramática y la Ortografía, amplía el Diccionario panhispánico de dudas. Pero también se dejan de usar ciertos términos por su carga peyorativa y discriminante para usar otros inclusivos y respetuosos con las diferencias y condiciones individuales (p.e., hoy hablamos de personas con discapacidad intelectual y no de deficientes). 

Las palabras nombran las cosas, y no da lo mismo llamarlas de una manera o de otra. La hoy alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ya en 2005 mostraba su rechazo a los matrimonios homosexuales estableciendo un símil con la suma de peras y manzanas: afirmaba que la unión de hombre y mujer es matrimonio, pero la unión de dos hombres o dos mujeres nunca podría ser matrimonio sino algo diferente. Sin embargo la Ley 13/2005 decía lo contrario, equiparando los matrimonios entre personas del mismo sexo a la unión tradicional entre personas de sexo diferente. 

La violencia por cuestión de género no es identificable a violencia en el entorno familiar, por más que en ocasiones aquélla ocurra en éste. Porque la violencia de género implica desigualdad, desprecio, consideración de inferioridad a la mujer por el mero hecho de serlo, mientras que la violencia en el entorno familiar no tiene por qué implicar el componente de género.

Las palabras nombran, y cuando se usan en la denominación de una Ley se han elegido de manera cuidadosa, por ser más adecuadas y pertinentes que otras: si elegimos las correctas, lograremos hacernos entender; si erramos en esa elección, confundiermos a quien nos escucha. Por eso importa cómo llamemos a las cosas.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Los 25 mejores libros del año


Un año más, finalizando mes de diciembre, el diario El País nos hace llegar la lista de los mejores 25 libros del año, realizada con las votaciones de 57 críticos, colaboradores y periodistas habituales de este diario.

La lista está encabezada por Los Enamoramientos, de Javier Marías, publicada por Alfaguara a principios del mes de abril y de la que el propio autor escribía en su Blog: 
“se trata de una historia sencilla y de una novela bastante menos sencilla, por no decir compleja, aunque mucho menos que Tu rostro mañana. Como el título indica, habla del estado de enamoramiento, considerado casi universalmente como algo positivo e incluso ‘redentor’ a veces, tanto que ese estado parece justificar casi todas las cosas: las acciones nobles y desinteresadas, pero también los mayores desmanes y ruindades”.

Los tres siguientes puestos están ocupados por novelas de autores extranjeros (J. Franzen, P. Roth y M. Houellebeck) para encontrar, a continuación, un nuevo volumen en la lengua de Cervantes. La quinta posición de la lista es para la novela del bogotano Juan Gabriel Vásquez, publicada también por Alfaguara y ganadora en 2011 del premio que lleva el nombre de esta editorial: El ruido de las cosas al caer narra la historia de una amistad frustrada, entre dos hombres, en la más reciente realidad colombiana.

Un interesante listado de novelas, ensayos, cuentos y poesías entre los que elegir regalos para estas fechas.

Acceso al especial Libros del Año a través de la imagen:

jueves, 22 de diciembre de 2011

Habemus ministro

Por fin anoche se despejó la incógnita sobre las personas que a partir del día de hoy serán titulares de las diferentes carteras ministeriales. Hubo varias confirmaciones, alguna que otra sorpresa y también nombres para carteras que no habían entrado en las quinielas (¿quizás porque son considerados Ministerios de segunda división?).

Los antiguos Ministerios de Educación y Cultura vuelven a refundirse, como en la época de Aznar, y se recupera su antigua organización: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Eran éstas carteras para las que menos nombres habían sonado, y ha sido una de las sorpresas de las designaciones. José Ignacio Wert, sociólogo y abogado, estará al frente de este Ministerio sobre cuyos hombros recae la responsabilidad de tomar decisiones sobre nuestro futuro cultural y educativo. Profesor de Sociología Política en la Universidad Autónoma de Madrid, estuvo en política hasta finales de los años 80, cuando la abandonó para dedicarse fundamentalmente a la consultoría.

Vinculado al ámbito de la investigación sociológica (encuestas de mercado y similares), fue subdirector del CIS, presidente de Demoscopia y Sofres, así como de la European Foundation for Quality Management (EFQM), movimiento de calidad empresarial que ya Esperanza Aguirre incorporó a los centros educativos cuando fue ministra del ramo (y cuya aplicación fue de lo más controvertida).

En sus manos estarán la educación, la cultura y el deporte de nuestro país en los próximos meses. Toca esperar para ver cómo gestiona temas tan importantes como la (probable) reforma del Bachillerato, la implantación definitiva del Espacio Europeo de Educación Superior o el desarrollo de la tan traída y llevada Ley Sinde.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Nuevas instalaciones para nuestra biblioteca

La Biblioteca Pública de Badajoz, "Bartolomé J. Gallardo", se encuentra a pocos meses de ver trasladada su sede al nuevo edificio ubicado en las inmediaciones del Puente Real. Inicialmente previsto para finales de este año 2011, el traslado finalmente no se realizará hasta la primavera del próximo 2012, aunque la semana pasada se han realizado visitas guiadas al edificio para conocer las instalaciones (aún vacías de libros).

Tal y como podemos leer en la web de la propia Biblioteca, se trata de un nuevo edificio ubicado en un solar de 5.000 metros cuadrados, rodeados de zonas verdes, con un sótano y tres plantas. Quienes solemos utilizar la Biblioteca agradeceremos la posibilidad de aparcar en las inmediaciones, algo que resulta complicado en su ubicación actual en pleno centro de la ciudad.

En la web de Jesús Rueda podemos ver imágenes de este nuevo edificio, tanto durante su construcción como una vez finalizado. Especialmente bonitas resultan las fotografías realizadas de noche.

Lecturas adolescentes

Leía hace un par de semanas el artículo publicado en Babelia -suplemento cultural del diario El País- bajo el título Una tribu de letras, con el que reforzaba mi idea sobre lo necesario de fomentar el hábito lector desde la más tierna infancia.

Recordaba entonces dos hechos contrapuestos: una alumna a la que dí clase hace un par de años, que afirmaba (aparentemente orgullosa) que no leía más que por obligación académica; y muchos viajes en metro, en Madrid, rodeada de personas de todas las edades con un libro en las manos. La primera me sorprendió, no precisamente en positivo, porque se trataba de una buena alumna (académicamente hablando) que además deseaba ser maestra. Y me hizo preguntarme, una vez más, qué está fallando en la escuela para que nuestros alumnos y alumnas parezcan leer tan poco. El segundo hecho, sin embargo, y el artículo al que aludía más arriba, nos hacen pensar que no todo está perdido y que hay niños y niñas, adolescentes y jóvenes que sí leen. Sin embargo, una vez más, nos encontramos con un país de absolutos contrastes: o no se lee nada, o se lee mucho (se devoran libros, en palabras de una de las entrevistadas en el artículo de El País). 

Personalmente he sido una de esas devoradoras de libros, algunos propios pero muchos de ellos de la biblioteca de mi ciudad o de la del colegio. Recuerdo tardes de infancia y adolescencia con un libro en las manos, disfrutar desconectada del mundo y los que me rodeaban, abstraerme de la realidad para compartir las aventuras y desventuras del protagonista de turno. Recuerdo también muchos años en Madrid aprovechando los tiempos muertos de transporte público para seguir devorando la prensa diaria (gratuita o no) y la novela que me acompañase en ese momento, siempre con un libro en el bolso para robarle al tiempo cinco minutos de metro, andén o escaleras. Y recuerdo cómo hace no demasiado tiempo comentaba con una amiga que echo de menos esos desplazamientos porque ahora, para leer, tengo que buscar y encontrar un tiempo específico que cada vez es más esquivo: siempre hay algo que estudiar, que ver en la televisión o que buscar en la web. Aún así, le arranco horas al día para pasar alguna que otra página, para disfrutar, para desconectar de mi realidad y emocionarme, reír o llorar con las vivencias de terceras personas.

Y es que, en cualquier edad y momento, lo importante es leer. Da lo mismo el soporte (libro tradicional, electrónico, cómic o revista) y también el contenido: lo importante es leer, porque empezar a leer es el primer paso para desarrollar la afición, el gusto por la lectura. Y, sobre todo, porque la lectura es una ventana abierta a nuevas realidades, a abrir miras, a ampliar fronteras, a descubrir nuevos mundos, a dejar de lado por un momento la crisis y los problemas económicos para adentrarnos en realidades ajenas. 

Lo importante es leer porque, como decía Borges, los libros son la extensión de la memoria y la imaginación. Leamos para aprender pero, sobre todo, leamos para disfrutar.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Propiedad intelectual

En mi forma personal de entender los blogs, una de las tareas que aún tenía pendiente era añadir otros blogs de interés, los que sigo de forma más o menos constante y que pueden ser de interés para el tema que aquí nos ocupa.

Estaba en ello cuando me he encontrado con una entrada muy interesante en el blog de Manuel Área, catedrático de Tecnología Educativa de la Universidad de La Laguna, en el que remite a una serie de vídeos que la Red de Bibliotecas Universitarias (REBIUM) ha recogido en la web que acaba de crear sobre propiedad intelectual. Y como no voy a actuar de manera contraria a lo que afirmaba en la entrada anterior, en vez de copypastear os ofrezco el enlace a dicha entrada: Vídeos sobre la propiedad intelectual (de interés para investigadores y docentes universitarios).


Aprovecho para recomendaros que echéis un vistazo no sólo a esa entrada sino al blog en su conjunto (acceso directo haciendo clic en la imagen): estoy segura de que os va a resultar interesante.

martes, 13 de diciembre de 2011

Copypastear

Un aspecto que me preocupa, como docente, es la manera en que mis alumnos y alumnas se documentan para realizar las diversas tareas que académicamente han de realizar y entregar.

En un momento en el que el conocimiento está, más que nunca, al alcance de la mano (o más bien al alcance de un golpe de tecla y ratón), se hace imprescindible ofrecerles las herramientas necesarias para que sepan diferenciar la información fiable de la que no lo es. Y, sobre todo, necesitamos hacerles entender que la información que encuentran en la web ha sido elaborada por alguien, con nombre y apellidos, que no es algo que podamos copiar y pegar sin más: su autor, o autora, desea ver reconocida la propiedad de ese contenido y, además, tiene derecho a ello. 

No sé muy bien por qué extraño motivo se ha extendido la idea de que lo que hay en Internet es de todos, confundiendo el libre acceso con la apropiación indebida. En el mundo académico, ya desde la Educación Secundaria pero también en la Universidad, es frecuente que el alumnado recurra a páginas en las que se recopilan trabajos y apuntes; páginas que han proliferado en los últimos años: véase, como ejemplo, la selección de enlaces que se presenta en la web Reunir.es

La consecuencia de esta forma de trabajar y actuar es el aprendizaje vacío de contenido, la realización de tareas con el único objetivo de superar el trámite correspondiente y, lo que es más grave, el probable desconocimiento de que lo que se está haciendo no es lícito. 

El término acuñado para aludir a esta práctica, copypastear, hace referencia al término en inglés: copy & paste. Y es un término tan extendido que una búsqueda simple en Google nos ofrece más de 22.000 resultados, que van desde artículos de periódico (El arte de copypastear, publicado en La Vanguardia el pasado mes de marzo) a entradas de blog (Ya  no sabemos ni copypastear, Copypastear no es generar contenido) o, lo que más curioso nos resulta, un grupo en Facebook (I love copypastear en mis trabajos).

Parece evidente que se hace imprescindible formar al alumnado, desde la enseñanza primaria, en las competencias necesarias para elaborar trabajos científicos y de investigación. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Comenzando...

Comenzamos con esta entrada nuestra aventura bloguera, en la que uniremos dos de nuestros intereses fundamentales en la actualidad: la Educación y la Documentación.

Sirva esta primera entrada para daros la bienvenida a todos y todas, esperando que el viaje que hoy iniciamos sea agradable y fructífero. Sentíos libres de opinar, sugerir, comentar y criticar, siempre que sea de manera educada, respetuosa y, sobre todo, constructiva.

¡¡¡Nos vemos en la Red!!!